Erotismo Gourmet

¿Erotismo y buena mesa unidos? Sí, rotundamente, sí. ¿O a alguien se le escapa que la gastronomía es placer, que se utilizan todos los sentidos para disfrutar de ambas cosas, que cuando cocinamos entregados, amamos, que degustar es placer?

Cuando cocinamos o nos abandonamos al disfrute de la buena mesa, ¿acaso no pensamos, actuamos, transformamos, sentimos, deseamos, satisfacemos…? El paralelismo entre todos estos sentidos es el mismo para el goce de la comida que para el erótico.

No podría explicar mejor tal indivisibilidad que con las sabias palabras de Isabel Allende, que añade aún una unión mucho más poderosa:

“Gula y lujuria, que tantas locuras nos hacen cometer, tienen el mismo origen: el instinto de superviviencia. El vínculo entre la comida y el goce sensual es lo primero que aprendemos al nacer. La sensación del bebé prendido del pezón, inmerso en el calor y el olor de su madre, es puramente erótica y deja una huella imborrable para el resto de la vida. Desde la lactancia hasta la muerte, la comida y el sexo tienen la misma garra. En la madurez, cuando digerir y hacer el amor se convierten en tareas, la mente se aleja a regañadientes de la mesa y de la cama; pero hay algunos seres capaces de llegar hasta el último día de una larga y fructífera existencia con el mismo apetito por los placeres terrenales de la juventud”.

 

 

Vuelvo a recurrir a las palabras de Isabel Allende, de su obligatorio libro “Afrodita. Cuentos, recetas y otros afrodisíacos”, que, con todo acierto detalla la ceremonia de preparación de una comida o cena como también prepararíamos los preámbulos de las artes amatorias:

“Al planear un menú debemos considerar los diferentes sabores para que se complementen y se distingan unos de otros sin competir. El orden en que sirven los platos influye en la apreciación de los mismos; conviene no entrar de lleno con el guiso más más suculento, porque si se sirve primero, todo lo demás resulta insulso. Un magistral ossobucco, es siempre el único protagonista, porque anula cualquier plato que se atreva a hacerle frente. Debe servirse precedido por una discreta ensalada verde y, como final ligero, un helado.

Una cena bien pensada es un crescendo que empieza con las notas suaves de la sopa, pasa por los arpegios delicados de la entrada, culmina con la fanfarria del plato principal, al que le siguen finalmente los dulces acordes del postre.

El proceso es comparable al de hacer el amor con estilo, comenzando por las insinuaciones, saboreando los juegos eróticos, llegando al clímax con el estruendo habitual y por fin sumiéndose en un afable y merecido reposo. La prosa en el amor deja un escozor de ira en el alma y la prisa en la comida altera los humores fundamentales de la digestión. Las papilas gustativas, como los órganos mayores y otros no tan mayores, también se fatigan. En los banquetes y restaurantes de lujo suele servirse, entre dos platos contundentes, una pequeña porción de sorbete helado agridulce para borrar todo rastro del primero antes de probar el segundo.

La temperatura tiene tanta importancia como la textura y el color; todo influye en la sensual experiencia de una comida”.

 

Foto Flore, óleo de Iván Lubennikov

Choco de Kisko García (Córdoba)

Más  allá del salmorejo…

Los dos años que por trabajo, anduve viajando semanalmente por casi todo el territorio español, si bien no me proporcionaron ninguna satisfacción ni evolución laboral alguna, sí me sirvieron al menos para dar rienda suelta a mi pasión por la buena mesa y aprovechar cada viaje para seleccionar (cuando me lo podía permitir, ya que el correspondiente pago de la factura salía de mi bolsillo) aquellos lugares que tenía pendientes en mi particular agenda gastronómica o repetir los que ya conocía y quedaban demasiado lejos para ir ex profeso.

Algunos sitios se quedan grabados de forma especial, y este es el caso de mi visita a Córdoba, al Restaurante Choco, y por eso quiero compartirlo…

Solo había estado en Córdoba una vez, también por trabajo y a 42º a la sombra en un viaje de julio de 2010. En esa ocasión, y dado mi conocido gusto por el calor, opté por dejar el turismo para otro momento y no complicarme,  yendo a tiro hecho (y en taxi, por Dios, no se podía andar por la calle ni a las 22:00 de la noche!) a El Churrasco, donde no faltaron las clásicas berenjenas con salmorejo y buena carne de Los Pedroches.

Ya en Noviembre de ese mismo año, tuve que volver a Córdoba, pero me apetecía salir del círculo de los reconocidos y conocidos restaurantes del casco antiguo y me acordé entonces de las raíces cordobesas del gran Juan Pozuelo y ahí empezó todo: me instó, sin dudarlo, a que fuera a conocer a su amigo Kisko García, de El Choco, que estaba haciendo cosas muy interesantes. Creo que ya por entonces, había obtenido el galardón al mejor cocinero revelación andaluz.

Pues bien, allá que me encaminé, una lluviosa noche de miércoles de noviembre dispuesta a disfrutar de una estupenda cena, aunque las expectativas fueron superadas con creces.
El Choco, está situado a las afueras del circuito turístico de Córdoba, en el barrio de la Fuensanta, y es una extensión de la taberna de barrio que los padres de Kisko han regentado toda la vida, y al que él quiso darle un empujón más con este enorme proyecto donde trabaja toda la familia, prácticamente.

Por aquellas fechas, y un día entre semana por la noche, me encontré con todo el restaurante para mí, lo que se convirtió en un lujo al poder charlar tranquilamente al inicio de la cena con Kisko y su hermano Juan Carlos García, a cargo de la sala y el sumiller de la misma. Simpáticos, cercanos y sencillos me estuvieron hablando de su proyecto, y los detalles de las delicias que, en formato menú degustación (de, creo recordar, 12 platos) iban a ir trayéndome. Opté por el menú degustación con maridaje y fue un absoluto acierto, aunque con la avidez del momento, se me olvidó fotografiar los vinos! No obstante, pedí la carta, ya que quería conocer todos los platos que ofrecían en ella. Sin más, doy paso al reportaje fotográfico del fantástico menú degustación.

 

La Sala.

Su original carta. Recibió el Premio Sánchez Cotán, que concede la Real Academia Española de Gastronomía, por “el impecable diseño” de la carta de su restaurante.

Cesta del pan con distintos tipos y calentitos.

Auténtico vicio este aceite cordobés para ir abriendo boca…

Torta crujiente de maíz con trufa (al que tuvieron el detalle, para mí, claro, de suprimir el queso parmesano rallado…qué le voy a hacer…)
Ostra Guillardeau con emulsión de su agua y limón marroquí… El mar en la boca!
Verduras de temporada al punto con trufa…

 

La Mazamorra líquida, una de las estrellas de la casa: muy refrescante, antecesor del salmorejo antes de la aparición del tomate en la Península, tal y como me ilustró Kisko.

 

¡Mi debilidad! Steak Tartar con arbequina y encurtidos.

 

Perol cordobés de arroz ibérico con panceta de la casa. ¡Sabrosuraaa!
” Las Natillas de Mamá “: Espectacular helado de galleta sobre caramelo roto de canela: una textura increible.
Finalizando con un Blue Mountain
Olvidé fotografiar un espectacular atún de almadraba, y algún pre postre, pero permanece en mi memoria gustativa…
Talento, humildad, personalidad, esfuerzo y mucho cariño, y ante todo buena gente. No me extraña que la recompensa llegara a finales del año pasado en forma de Estrella Michelín. ¡Felicidades por ser como sois!
Y así me fui de Choco, con una sonrisa en la cara, la sensación de haber vivido una experiencia inolvidable y andando al hotel para bajar el tremendo festín .
La Epicureísta
 
Restaurante Choco
C/ Compositor Serrano Lucena, 14
14010 – Córdoba

La Ereta (Alicante)

Pasé casi seis años de mi vida viajando a Alicante todos los meses; de esos años conservo algún buen recuerdo en forma de personas y gastronomía, a pesar de mi odio por el calor y las multitudes, entre otras cuestiones que viví durante aquel período…
Durante todo ese tiempo tuve la oportunidad de conocer muchos de los mejores sitios gastronómicos alicantinos y sé que a día de hoy la oferta es mayor y mucho mejor, pero a modo de homenaje, muestro este pequeño monográfico en fotos, del fantástico restaurante de Dani FríasLa Ereta, aledaño al imponente Castillo de Santa Bárbara.
Compartí esta experiencia con un buen amigo alicantino, en 2012, cuando tuve que volver a pisar Alicante, por trabajo esta vez.
El resumen: equilibrado menú degustación, excelente servicio, perfecta ubicación, intimidad en las mesas, y el descubrimiento de una denominación de origen que desconocía, sita en El Bonillo (Albacete): Pago Guijoso.
El restaurante está ubicado en la subida al Castillo de Santa Bárbara (Alicante)

 

Aperitivos de la casa.
Milhojas de Foie y Musola con polvo de Kikos y mermelada de Chirivía (con pan de cebolla, pan de torto de aceite, y pan de orejones.)
Steak Tartar, Helado de Mostaza, Yema y Pan de Cristal
Arroz de Pulpo a la brasa, Cebolla y “All i Oli” de Tinta
Postre de Gin Tonic
Gin Tonics Premium (en este caso, Bulldog)
La Epicureísta.
Restaurante La Ereta
Parque de La Ereta, s/n  
03001 Alicante
Tf.- 96.514.32.50