Mi estreno con Grupo Nove: Iñaki Bretal y su Eirado da Leña.

GRUPO NOVE

Después de pasar una mañana fantástica habiendo abierto el apetito con los aperitivos y haciendo visita obligtoria a Bagos, me dirigí casi ansiosa a la coqueta Praza da Leña, para disfrutar de mi objetivo de ese día en Pontevedra: el restaurante Eirado da Leña, de Iñaki Bretal, miembro del Grupo Nove.

Grupo Nove es una asociación gastronómica que surgió hace 11 años, de la idea de 9 cocineros – y amigos – gallegos, de unirse y reivindicar en bloque la cultura gastronómica gallega entendida como la tradición y buen producto de siempre, pero incorporando nuevas tendencias, sin perder por ello la verdadera identidad de la tierra. Reinventar, divulgar, difundir en definitiva, una de las gastronomías más importantes del país: la gallega.

Pasado todo este tiempo ya no son 9 sino 20 los cocineros y 17 los restaurantes (con 8 estrellas Michelín repartidas).

Elegí estrenarme en el Grupo Nove con Iñaki Bretal y su Eirado por dos motivos: mi mentor gastronómico gallego y vecino de mi madrileño barrio de TetuánJosé Rivas, lo conoce bien; cliente asiduo y verdadero admirador de su cocina, no podía estar equivocado (coincido al 100% con él en todas sus recomendaciones) y la cercanía y acceso desde mi Cangas (estoy sin coche), lo situaban claramente en el disparadero. Y realmente pone el listón muy alto para seguir descubriendo al resto de los Novecociñeiros…

En este enlace se puede conocer más acerca del Grupo, sus componentes y sus restaurantes.

 

EIRADO DA LEÑA

Hacía un día de principios de julio, soleado y caluroso que empujó a la gente a buscar las playas, así es que la recogida salita del Eirado se convirtió en mi pequeño comedor particular, salvo por otras dos mesas.

 

 

 

La infinita amabilidad de Raquel me recibió y me acompañó durante toda mi sabrosa estancia y me acomodó en una mesa de situación inmejorable, frente a la ventana que da a la plaza; mesa cuadrada grande, luminosa, impoluta.

 

 

Me sentía feliz; esa sensación que me invade desde que soy niña y que nunca he dejado de tener (a pesar de las innumerables veces que he comido fuera por viajes de negocio y trabajo), cuando he elegido cuidadosamente un lugar para hacer disfrutar a mi paladar. Expectación, curiosidad, excitación

Y aquí difiero de los muchos que afirman que no hay nada más triste que comer solo. Si bien es cierto que toda experiencia agradable resulta mejor en buena compañía, hay ciertas actividades que, incluso prefiero disfrutar sola, si no cuento con otra persona que lo viva, al menos con la misma intensidad que yo (algo parecido me pasa con el cine; si no eres mudo, seguiré yendo sola a disfrutar de la gran pantalla). Puedo parecer una tarada, pero el disfrute de la buena mesa para mí es más que importante. Naturalmente, hay momentos y momentos y sitios y sitios. Este era uno de esos sitios y momentos en los que, a falta de un buen partenaire a mano, lo iba a degustar y disfrutar yo solita, salvo por las ráfagas de divertida conversación con Raquel cada vez que me anunciaba plato y me sugería vinos y el placer de la sincera y larga charla de sobremesa que me brindó Iñaki. Al final, nunca se está solo del todo… 😉

A este tipo de lugares voy absolutamente abierta a experimentar, a dejarme recomendar, a escuchar, a dejarme llevar… La carta, además de unos platos fijos y otros que van cambiando, contempla unos menús degustación abiertos, en función del mercado y gustos del comensal. Yo me acogí a un menú gastronómico con maridaje que constaba de 1 aperitivo, 3 entrantes, 1 plato principal, y 2 postres, con 3 vinos, 1 sherry y 1 moscatel, que paso a desgranar:

 

El primer vino que me presentó Raquel fue este Attis 100% Albariño, del Salnés. Cítrico, armonioso, elegante.

 

 

 

 Y este Whisky Sour particular de aperitivo, fue todo un acierto para el calorcito que hacía y para ir preparando el paladar a lo que seguía a continuación…

 

 

 

Las espectaculares navajas con vinagreta de cítricos, tan delicadas que asemejaban yemas de espárragos y que estaban en su perfectísimo punto y realzadas – aunque a priori pueda chirriar a los que no queremos ver ningún tipo de molusco bajo el influjo del limón – por unos certeros toques de vinagreta cítrica.

 

 

 

 

 

El plato que me presentaron a continuación, os aseguro que aún queda en mi memoria sensorial. Todavía saboreo esa vieira ahumada por ellos en leña de vid con codium, sal y coral de vieira con emulsión de soja. El sabor de la vieira no pierde el protagonismo en ningún momento y sin embargo, el leve ahumado le da un toque personalísimo que hace que quieras comer unas 17 toneladas más. Morir de placer con este plato es posible.

 

                                                                          

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Iba de sorpresa en sorpresa: Raquel me pidió permiso para “experimentar” conmigo y darme a probar un vino que aún no había salido al mercado (ahora creo que ya se ha lanzado): “Fai un sol de carallo”, de Bodegas El Paraguas, un delicioso Ribeiro trivarietal (treixadura, godello y albariño) que con su untuosidad, fruta, madera y largo recorrido me conquistó. ¡Tengo que encontrarlo! No hice foto a la botella, que aún no tenía ni etiqueta, entonces, pero sí la muestra del vino:

 

Y siguiendo la senda de lo imprevisible… Sashimi de pinto El pinto, de pesca submarina y colores vivos, de carne blanca, tersa y suave en boca, no se me hubiera ocurrido nunca que tuviera semejante presentación en forma de sashimi. Irresistible y sorprendente:

 

  

 

El cambio de tercio para llegar al plato principal se sirvió de un sorbete-gelatina de gin tonic muy delicado y refrescante:

 

 

 

Llegaba la hora del plato principal, para el que sólo respondí que me decantaba por la carne, cuando me dieron a elegir entre esta o pescado al solicitar el menú degustación. Y la elección no pudo ser más atinada para mí: lomo de vaca vieja, (de Bandeira) con mini verduras. Quizá pelín hecha para mi crudo gusto, aunque cierto es que olvidé pedir que me la dejasen casi cruda. Eso no implicó el que el sabor de la carne fuese óptimo del todo, con un marcado sabor a leña y muy tierna. Y las verduras no estaban de atrezzo, os lo aseguro… ¡vaya sabor, el de estas variedades enanas! 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para esta carne, un vino que me flipa: un Monterrei, Quinta da Muradella Alanda tinto. Uvas bastardo, mencía y garnacha tintorera. Frutos rojos y negros, redondo y de final largo. Uffff…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fue fácil sucumbir al postre: fresas confitadas con vinagre de Módena, helado de coco y pimienta de Jamaica

 

 

 Las fresas, pequeñitas, de un cultivo especial, eran de un sabor sumamente potente y que casó a la perfección con este cream



 

 

 

  

 

 

 

 

 

Y aún fui capaz de terminarme un brownie de chocolate con helado de café, al que le acompañó un tremendo moscatel navarro, Ochoa 2012.

El fin de fiesta llegó con un café y trufas y una charla de sobremesa con gran Iñaki Bretal. No se equivocaban (José Rivas, Alberto Ribas, José Manuel García…) los que me recomendaron encarecidamente que no dejara de acudir y conocer lo que este hombre hace en los fogones. Asequible, cercano, concienzudo y pasional.

 

 

Eirado da Leña. Praza da Leña, 3. 36002 Pontevedra Tf.- 986.860.225