Refrescante y sexy crudité…

 

Una sugerente propuesta ahora que llegan los calores…

 

Una sencilla mayonesa, sí; un huevo, aceite, sal y pimienta.

     Zanahorias, apio, pepinos, tomates, pimientos, rábanos, coles y brécoles: lo cortó todo en sentido longitudinal, al menos las verduras que se prestaban a ello, es decir, todas excepto las dos últimas que, al tener forma de florecilla, se podían coger por el rabito, como quien se apodera de la guarda de una espada. Añadió a todo ello unas finas rodajas de un asado de cerdo sin aderezos, frío y suculento. Dimos inicio al moje en la mayonesa.

     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nadie logrará hacerme cambiar de idea: hay algo esencialmente sexual en las crudités con mayonesa. La dureza de la hortaliza se insinúa en la untuosidad de la crema; no hay, como en tantas preparaciones, química alguna mediante la cual cada uno de sus alimentos pierde algo de su naturaleza para adoptar la del otro, y, como el pan y la mantequilla, pasan a ser en la ósmosis una nueva y maravillosa sustancia.

 

   

 Aquí la mayonesa y las hortalizas permanecen perennes, idénticas a sí mismas pero, como en el acto carnal, conservan un deseo irrefrenable de estar juntas.

 

 

   En cuanto a la carne, adquiere no obstante una ventaja adicional: y es que sus tejidos son friables, se separan bajo la embestida de los dientes y se llenan de condimento, de tal manera  que lo que así masticamos, sin falso pudor, es un núcleo de firmeza salpicado de suavidad aterciopelada.

   A ello viene a añadirse la delicadeza de un sabor estable, pues la mayonesa no ofrece ningún regusto picante ni ácido y, como el agua, sorprende a la boca con su neutralidad afable; después tenemos los matices deliciosos del carrusel vegetal: picante insolente del rábano y de la col, saborcillo dulce y acuoso del tomate, acidez discreta del brécol, generosidad en la boca de la zanahoria, anís crujiente del apio… qué exquisitez.

 

Muriel Barbery – “Rapsodia Gourmet”

 

 

 

Fotografías vía Mentalidad Creativa 

 

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